Naquear

 

Dedicado con mucho cariño a Ana Isabel Buelga y a María López Contreras, damas cuya curiosidad por estas cosas del lenguaje, forman un torbellino que nos atrapa aunque esté el océano de por medio.

Por Arturo Ortega Morán

www.yamecayóelveinte.com

Aunque no de uso común, para los mexicanos el verbo naquear significa actuar como un naco. Así llamamos a las personas de mal gusto y poca cultura. Pero, esa es otra historia que exige su propio artículo y ahora no es su momento. Esta vez nos referiremos a otro verbo naquear o su variante naquerar, que es una voz gitana de la región de Andalucía y que significa hablar. Un uso de este verbo lo encontramos en unas antiguas coplas gitanas que así rezan:

Cualquiera que me biere

conoserá mi pasión:

lo que la boca no jabla

lo naquerá er corasón.

 Al escarbar en la historia de esta voz, encontramos detalles interesantes de los que vale la pena naquear.

La búsqueda nos remonta a muchos siglos atrás, en tierras árabes. Ellos tenían una suerte de tambores a los que llamaban naqqara, y los usaron principalmente para fines militares. Los colocaban sobre el lomo de los camellos o caballos y cada jinete batía furiosamente en los tambores con unos palos de madera dura. Todo con el afán de hacer un gran escándalo y así intimidar a sus enemigos.

En árabe, naqqara significaba concha que por cierto, es la misma raíz de la voz nácar . Puede ser que, en su origen, estos tambores los hicieran con conchas de tortuga y de ahí su nombre.

Con el tiempo, estos tamborcillos se popularizaron y hay huellas de que se usaron en una amplia región de Asia. Mucho se han de haber asustado los cruzados con el efecto naqqara porque, a su regreso a Europa, a todo el mundo le fueron con el chisme de la existencia de estos tamborcillos. Fue en la edad media, cuando los juglares europeos encontraron en este instrumento, un excelente medio para anunciar su llegada a los pueblos medievales y atraer al público del que obtenían su subsistencia.

En Francia, tomaron el nombre de nacaires pero, en lugar de colgárselos a un camello, los juglares los colgaban en la espalda de un achichincle ( ayudante en náhuatl), que aparte de soportar el peso, soportaba también los decibeles emitidos a escasos centímetros de sus orejas.

En España, se conoció una tonadilla o baile alegre y festivo al que llamaban Naqueracusa, nombre quizás derivado del uso de los nacaires o naquaires como le llamaron en la Península. Del año 1400, hay un texto anónimo que así nos lo hace saber.

En aquella val oye hombre muchas tempestas, & de grandes Ruidos & terrebles todos dias & todas las noches & grant frain & grandes sones de tambor naquaires & trompetes assi como si ouiesse bodas

[En aquel valle, los hombres oyen muchas tempestades y grandes y terribles ruidos, todos los días y todas las noches y gran estruendo y grandes sones de tambor naquaires y trompetas, así como si hubiese boda]

 

De especial interés es saber que, en España, hubo un tipo de compañía de cómicos compuesta de dos hombres, los cuales iban por los pueblos representando entremeses, recitando octavas, deleitando a su público con enredados diálogos cómicos y como llegaban tocando el naquaire, es muy probable que por eso fueran conocidos como naques.

Pues bien, mi hipótesis es que, de lo parlanchines que por necesidad tenían que ser estos naques, fue que en la región de Andalucía, se derivó el verbo naquear o naquerar con el significado de hablar, particularmente en el caló de los gitanos.

Un paralelismo mexicano, aunque en otro contexto, es el del cómico Cantinflas que de su modo enredado de hablar, dio origen al verbo cantinflear que ya ocupa su lugar en el DRAE.

Bueno, así pienso que pudo ser el origen de naquear. No obstante, queda la página abierta para seguir naqueando del tema.

Derechos Reservados © Arturo Ortega Morán