Llamamos galimatías a un discurso o un texto, que por su deficiente estructura, es difícil de comprender. Los políticos suelen brindar excelentes ejemplos de este concepto. Aparte del español, la palabra existe con la misma forma y con el mismo significado por lo menos en el inglés y en el francés.
El origen de esta curiosa palabra, ha sido un verdadero enigma para los etimólogos a través de los años. Esto ha dado ocasión para que surjan explicaciones con todo el sabor de las etimologías populares. Una de ellas es la siguiente:
Antiguamente, en Francia, los abogados hacían sus alegatos en latín. Hubo el caso de un tipo llamado Matías quien peleaba la propiedad de un gallo. Debe haber sido un gallo muy fino porque el pleito se hizo en grande. El abogado que intervino repitió tantas veces gallus Mathías, (el gallo de Matías) e hizo un discurso tan enredado, que acabó por acuñar el término precisamente como sinónimo de discurso embrollado e inentendible".
Es probable que esta historia haya tenido origen en unos antiguos versos jocosos, citados por Iribarren en El porqué de los dichos, que rezan así:
En cierto lugar que callo,
para que de él no te rías,
tuvo pleito un tal Matías,
sobre propiedad de un gallo.
Tanto el pleito dio que hablar,
y tanto tiempo duró,
que cuando a su fin llegó,
nadie apuntó lo ocurrido:
si aquel gallo discutido,
causa de litigio fiero,
estaba en el gallinero,
o si estaba ya comido.
Y creciendo las porfías,
que dieron lugar al fallo,
pasando y pasando días,
de Matías y del gallo,
se formó galimatías.
Buscando en fuentes más serias, Johan Coromines dice que la palabra llegó al castellano del francés y propone que podría proceder de José de Arimatea, el personaje del Nuevo Testamento. Por falso corte, Josephus ab Arimathea se habría convertido en Josephus a Barimathea, lo que habría dado pie a crear un país imaginario llamado Barimatía, al que se atribuirían las jerigonzas incomprensibles y de ahí se derivaría galimatías. Esta versión fue la que tomó el prestigiado diccionario de Maria Moliner.
El diccionario de la Real Academia Española, donde por cierto galimatías aparece por primera vez en la edición de 1843, se inclinó, en las ediciones entre 1956 y 1984, por la hipótesis de que la palabra tenía origen en la jerga estudiantil. El latín gallus (gallo), habría designado a los estudiantes que participaban en las discusiones académicas, de donde con la terminación griega mathía (ciencia), se formó gallimathia. No obstante, en las ediciones 1989 y 1992 del DRAE, ya no apareció ninguna propuesta de etimología.
Llama la atención que en edición del 2001, el DRAE presenta una nueva hipótesis ¿Acaso algún nuevo descubrimiento?
Galimatías: Del francés galimatias, discurso o escrito embrollado, y este del griego κατὰ Mατθαoν, según Mateo, por la manera embrollada en que este evangelista describe la genealogía que figura al comienzo de su Evangelio.
No queriendo cerrar el asunto, busqué en El Tesoro de la Lengua Francesa y encontré que la palabra está documentada en francés desde 1580 en Ensayos de Montaigne. Se descalifican las diferentes etimologías que se han propuesto y se expone que la más reciente hipótesis, es la del eminente lingüista R. Kahane, quien propone que se trataría de una expresión humanista extendida a partir de Bizancio, cuya base sería el griego Según Mateo y haría alusión a la genealogía de Cristo (Evangelio según Mateo, I, 1-17). Ahora sabemos de donde procede la nueva propuesta de la RAE. No obstante, hay que decir que la Academia francesa, se muestra escéptica y sigue clasificando a esta palabra como de origen incierto.
Parece que de lo único que podemos estar seguros, es de que la palabra llegó al castellano del francés, ya que aparece hasta 1742 en Cartas eruditas y curiosas, de Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro. En un fragmento dice:
IV. Que los nuevos philósofos han caído en el galimathías, que reprehendían en los antiguos.
Bueno, mejor ahí la dejamos, antes de que este artículo se convierta en un galimatías, si no es que ya lo es.
Derechos Reservados © Arturo Ortega Morán